miércoles

Ilustración Revista La Esfera Cultural.


El vagabundo


Caminaba despacio, con la lentitud de la inseguridad. Todos se apartaban sin disimular la expresión de rechazo que despertaba. Se paró delante de la puerta majestuosa de su antiguo colegio. Intentó arreglarse someramente el mugriento pelo largo que llevaba tiempo sin sentir las púas de un peine. Se los recogió detrás de la oreja, dándole luz a unos ojos castigados por tanta miseria. Los transeúntes mantenían la vista fija en el descosido que lucía la parte posterior de la mejor prenda que pudo hallar entre los cuatro trapos que le quedaban, escondidos bajo el cartón que le daba cobijo.Era su última esperanza, encontrarse con el director y que Miguel lo recordara.Siempre le había mostrado afecto y admiración, era un hombre justo.No se olvida la mirada de una persona honesta.Afrontó las escaleras con decisión, sin cobardía. A medida que despegaba cada pie del suelo y subía un peldaño, el corazón bombeaba más y más fuerte.Las puertas se abrieron cuando el sensor sintió su presencia, eso le hizo volver a descubrir que todavía era una persona, envuelta en mugre, pero una persona. Inmediatamente cuatro brazos salidos de la nada bloquearon su deseo.

-¡Sólo quiero ver al director! ¡Lo conozco! Gritó en su desesperación.
Miguel salió de su despacho ante el bullicio inusual de la mañana.
-Miguel, Miguel. Gritó al contemplar ante él la figura de la persona que podía suplir al dios que le había abandonado.
Sus miradas se cruzaron un segundo, el segundo de la ilusión, del anhelo, con la añoranza del pasado.

Lo invitó a pasar al despacho.Su olor sólo le permitió acercarse para estrecharle una mano que transmitía la fuerza de un abrazo inaccesible. Miguel no terminaba de comprender como el amigo que tantas veces lo sacó de apuros, el niño más listo de la clase, el que siempre trataba de ayudar a los demás, había acabado como un vagabundo. Pensaba que a veces las injusticias eran demasiado evidentes.Necesitaban un jardinero en el colegio.El contrato quedó sellado con una lágrima de agradecimiento, marcado por las sucias huellas de los últimos años.



Texto: Inma Vinueza
Ilustración: Laura Baute Sanjuan

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