martes

Ilustración Revista La Esfera Cultural.(2)



El Hombre Sombra

Vagaba de una esquina a la contigua, una y otra vez, con gabardina y sombrero negro. Una farola vieja y solitaria alumbraba su paso. Cada día la misma incertidumbre surgía en la mente del hombre sombra. Cómo abordarla sin ser rechazado. Cómo haría para que sus ojos se abrieran ante la existencia de un don nadie acechador.
Ella salía puntual, con la oscuridad cubriendo el cielo. Abría despacio el viejo portal acristalado, bajaba las empinadas escaleras encogida de frío. Abrigo de paño, larga melena de reflejos dorados de luna y bufanda de lana impidiendo que la helada transformara en escarcha su cálido aliento.
Apoyado en la farola, escondido tras su disfraz de mirón, dejaba que la suave brisa de melocotón que desprendía su caminar rozara su olfato con delicadeza.
Inalcanzable. Su perfección resultaba inalcanzable en la timidez de su vergüenza.
Un día desapareció, dejó de verla, no se asomó más por el viejo portal gris del número veinte. No volvió a vislumbrar la silueta de esos ojos negros que se perfilaban inmensos bajo la tenue luz.
Se fundió esperando, se convirtió en hierro forjado apoyado en una farola sin nombre.
El hombre sombra se desintegró en una espera eterna.

Texto: Inma Vinueza
Ilustración: Laura Baute Sanjuan



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