martes

autobús


En el autobús que recorre la calle mayor dos personas gritan como fieras. El autobús está lleno y un solo asiento queda libre. Es una lucha entre un ser pequeño, cuyas gafas destacan sobre todo su cuerpo y un "musculitos" que acaba de salir del gimnasio. Aún se le marcan las venas de levantar las pesas.
La parada se llena de ceños fruncidos y muy mal humor. Gruñidos y quejas, algunas a voces, es la banda sonora de la espera para entrar en el autobús.
- Disculpe señor, pero yo vi primero ese sitio.
- Renacuajo. Aquí no es de quien primero lo ve, sino de quien primero se siente.
- Señor, omitiré su comentario despectivo hacia mi persona. Es de muy mal gusto.
- ¡A mí no me venga con tonterías! Váyase a otro lado. ¿no ve que la gente no puede entrar por estar ahí plantado en medio?
- ¡si usted respetara, nadie esperaría nada!
- ¡Yo no le he faltado al respeto! Es usted un poco lento. Para la próxima sea más rápido.
El autobús comenzó a tambalearse. Las personas que esperaban fuera estaban desesperadas y hartas. Rodearon el autobús y comenzaron a sacudirlo con violencia. Los pasajeros empezaron a zarandearse y caerse al suelo. Los que estaban sentados y de pie cayeron al suelo y se revolvieron. Bolsos, chaquetas, personas y demás, se revolvían y mezclaban como una única masa.
Cuando todos los del interior se convirtieron en una bola de personas y cosas. Las puertas del autobús se abrieron y lanzaron la bola a la calle. Salieron rodando por la avenida hacia abajo. Y poco a poco se iba deshaciendo. Lanzando a las personas y cosas por todas partes.
El autobús se quedo vacío… Hasta que se llenó. Y de nuevo, quedó un asiento libre.
Una señora de pechos enormes se apuró hacia el asiento. Tenía un trasero tan grande que no se dio cuenta que un señor mayor ya estaba sentado.
Recuerdan siempre en esa línea la muerte del señor. Y en ella hay una corona de flores.

No hay comentarios: